Aún en estos tiempos, pero mucho más ahora, la presencia y función del padre dentro y para la familia sigue siendo vital. Si bien es cierto que cada vez se registran más divorcios, rupturas y desintegración familiar, también podemos reconocer que muchos hombres logran tomar conciencia sobre su responsabilidad y compromiso para con sus hijos, y los llevan a cabo amorosa y admirablemente.

Sin dejar de reconocer la fundamental y exquisita función materna, que da vida, nutre y protege a las nuevas generaciones, hoy por hoy es momento de voltear a ver a la figura masculina, al padre de familia.

Los hombres a través de los tiempos han fungido mayormente como proveedores, sustento para sus familias y “técnicos polivalentes” a los que se les puede pedir que reparen casi cualquier cosa descompuesta en casa, desde una llave que fuga agua, un cable suelto, una silla rota… Se les pide que carguen los objetos pesados, sean los caballitos para los bebés, enseñen a los mayorcitos a usar la bicicleta o a conducir el coche cuando son requeridos.

Emocionalmente, el poder crecer en una familia integrada, con un padre verdaderamente presente, aun cuando sus jornadas laborales sean extensas, posibilita una autoestima saludable, proporciona mayor seguridad y confianza, ya que si éste sabe reconocer los logros de sus hijos y lo verbaliza, desarrolla y fortalece estos aspectos en sus hijos. Suelen además ser modelos o superhéroes para los pequeños en crecimiento.

Se les adjudica también la función de ejercer a autoridad, ya que aún si no están en casa, a los niños se les advierte que “ya que venga papá le diré cómo te has portado” o “cuando venga le pedirás permiso”… entre otras sentencias.

En otras ocasiones, al verse desintegrada la familia, típicamente es el padre quien se retira a vivir en otro espacio y podrá o no seguir en contacto con sus hijos y continuar cumpliendo todas las funciones antes mencionadas ante ellos. Es lamentable cómo ocurre también que se satanice a quien decide salir del seno familiar y se le repudie, aun cuando no sea eso lo ideal ni lo deseado por él.

En este caso, estamos hablando ya de padres ausentes, quienes pueden estar vivos pero no tener ningún tipo de contacto con sus hijos; otra clase de padres ausentes son los que ya fallecieron, por supuesto en ningún modo deseando abandonar a su familia.

En todas estas situaciones, será la madre quien se encargue de mantener y fortalecer el vínculo con el padre, o lo contrario.

Durante este mes y esperamos no sólo en él, nos permitimos reconocer y felicitar a esos verdaderos padres, los incansables y amorosos, protectores y proveedores de bienestar físico, social y emocional.